Durante muchos años, el autismo ha sido entendido principalmente como un trastorno caracterizado por dificultades para comprender a otras personas. De hecho, uno de los estereotipos más extendidos es que las personas autistas "carecen de empatía" o presentan una teoría de la mente deficiente, es decir, dificultades para comprender lo que otras personas piensan, sienten o necesitan.
Esta forma de entender el autismo ha influido tanto en la investigación como en los criterios diagnósticos actuales, donde aparecen aspectos como una menor reciprocidad social o una aparente falta de interés por los demás. Sin embargo, esta interpretación ha sido cuestionada por numerosos investigadores autistas. Uno de ellos es el sociólogo y académico Damian Milton, quien propuso en 2012 una teoría conocida como el problema de la doble empatía.
Lejos de afirmar que las personas autistas tienen menos empatía, Milton plantea una idea diferente: las dificultades de comprensión aparecen en ambas direcciones.
¿Qué es el problema de la doble empatía?
La teoría parte de una idea muy sencilla. Las personas autistas y las personas no autistas experimentan el mundo de maneras diferentes. Interpretan las emociones, la comunicación, las relaciones sociales y muchas situaciones cotidianas desde perspectivas distintas. Eso significa que ambas pueden tener dificultades para comprender la experiencia de la otra.
En otras palabras, el problema no reside únicamente en la persona autista. También las personas no autistas pueden interpretar erróneamente la forma en que una persona autista expresa sus emociones, demuestra afecto o intenta conectar con los demás.
La falta de comprensión es mutua. Por eso Milton habla de un problema doble de empatía.
La empatía deja de entenderse como una habilidad que una persona posee o no posee, para convertirse en una capacidad que depende de compartir, al menos parcialmente, una misma forma de percibir el mundo.
Dos culturas sociales diferentes
Una consecuencia de esta teoría es que tanto las personas autistas como las no autistas desarrollan formas propias de comunicarse. Del mismo modo que una persona que crece en un país aprende sus normas sociales casi sin darse cuenta, las personas no autistas aprenden la comunicación típica de la mayoría. Las personas autistas, en cambio, desarrollan formas diferentes de interpretar gestos, silencios, emociones o conversaciones.
Cuando ambas maneras de entender el mundo se encuentran, pueden aparecer malentendidos. No porque una de ellas sea incorrecta. Sino porque ambas funcionan siguiendo códigos diferentes.
¿Quién soporta el mayor esfuerzo?
Aunque la falta de comprensión es mutua, sus consecuencias no lo son. Vivimos en una sociedad construida mayoritariamente desde normas y expectativas no autistas. Por ello, suele esperarse que sean las personas autistas quienes aprendan a comunicarse según esas reglas.
Muchos tratamientos, programas educativos o intervenciones tienen precisamente ese objetivo. Sin embargo, rara vez se plantea el camino contrario. Es poco habitual que las personas no autistas reciban formación para comprender mejor la comunicación, las necesidades o la forma de experimentar el mundo de las personas autistas.
Milton señala que muchas personas autistas terminan desarrollando un conocimiento muy profundo del funcionamiento social no autista, simplemente porque lo necesitan para desenvolverse en su vida diaria. La mayoría de personas no autistas, en cambio, nunca tienen esa necesidad.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos que una persona dice:
"Soy autista."
Una respuesta muy frecuente es:
"Bueno... todos somos un poco autistas."
Normalmente esta frase pretende transmitir cercanía. La intención suele ser buena. Sin embargo, muchas personas autistas la viven como una respuesta poco empática.
¿Por qué?
Porque minimiza una experiencia vital que ha condicionado profundamente su forma de vivir, relacionarse o entender el mundo. Desde la perspectiva de la teoría de la doble empatía, aquí no es la persona autista quien falla al interpretar las intenciones de la otra persona. Es la persona no autista quien no consigue comprender el significado que esa frase tiene para quien la recibe.
¿Qué aporta esta teoría?
La propuesta de Damian Milton supone un cambio importante de perspectiva.
En lugar de considerar que el autismo implica un déficit unilateral de empatía, plantea que muchas dificultades sociales surgen del encuentro entre dos maneras distintas de experimentar el mundo. No se trata de que una forma de comunicarse sea mejor que la otra. Se trata de reconocer que ambas pueden necesitar un esfuerzo mutuo de comprensión.
Desde esta perspectiva, la inclusión deja de consistir únicamente en enseñar a las personas autistas a adaptarse a la sociedad.También implica que la sociedad aprenda a comprender mejor a las personas autistas.
Una nueva forma de entender la empatía
La teoría de la doble empatía no afirma que todas las personas autistas tengan las mismas habilidades sociales, ni que nunca existan dificultades reales. Lo que propone es algo diferente: muchas de esas dificultades no nacen exclusivamente del autismo, sino del encuentro entre personas que interpretan el mundo de maneras distintas. La empatía, por tanto, deja de ser una capacidad que solo debe desarrollar uno de los dos grupos. Se convierte en un puente que ambas partes pueden construir.
Y quizá esa sea la principal aportación de esta teoría: recordar que comprender al otro siempre es una tarea compartida.
Milton, D. E. M. (2012). On the ontological status of autism: The ‘double empathy problem’. Disability & Society, 27(6), 883–887.